Inmigración y sordera

El pasado 21 de mayo fue el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo. Para la Unesco, lo relevante de este día radica en concienciar sobre la importancia del diálogo intercultural, la diversidad y la inclusión; lo que continúa siendo un objetivo primordial para lograr que todas las personas nos comprometamos con el apoyo a la diversidad mediante gestos reales en nuestro día a día.

En este contexto, Funcasor se suma a este diálogo a favor de la interculturalidad visibilizando la diversidad en el colectivo de personas con discapacidad auditiva desde la experiencia de Saadia Latrach, inmigrante marroquí, a través de esta interesante entrevista.

¿Cómo conoció Funcasor?

Conocí Funcasor gracias a mi hermano, que es una persona usuaria del Servicio de Integración Laboral de la Fundación. Ahora que he conocido Funcasor, quiero aprovechar para relacionarme con otras personas sordas y aprender la lengua de signos española porque siento que me va a aportar mucho a nivel comunicativo permitiéndome un desarrollo a nivel personal.

¿Tiene relación con la comunidad sorda de Gran Canaria?

No. Llevo viviendo en Gran Canaria 9 años y el primer contacto que he tenido con una persona sorda se estableció hace un mes, en el curso que estoy estudiando ahora. Creo que se debe al diagnóstico tardío de mi sordera, y una vez diagnosticada, me faltaba asesoramiento e información sobre mi condición por lo cual no tenía identidad sorda. Ahora gracias a Funcasor, sé que existen varios recursos para mejorar la calidad de vida de las personas con sordera y me gustaría aprovecharlos para así conseguir una mayor autonomía, porque hasta ahora todas las gestiones que necesito hacer siempre me ha acompañado mi hermana oyente como apoyo.

¿Ha notado discriminación debido a su procedencia o a su discapacidad auditiva?

A nivel social, siento una doble exclusión, ya que como persona inmigrante procedente de Marruecos no comparto el mismo código lingüístico con la sociedad española.
Hace tiempo, me apunté en un curso de español de nivel básico impartido por una organización sin ánimo de lucro, pero después de un mes tuve que abandonar porque debido a mi sordera no podía acceder a los contenidos de las clases, la clase no estaba adaptada adecuadamente a mi situación.

Dentro de la comunidad marroquí residente en Gran Canaria, con la que comparto el mismo idioma, sí me siento excluida por mi discapacidad auditiva. He experimentado varias situaciones en las que tuve que abandonar conversaciones grupales debido a que hablaban muchas personas a la vez o hablaban de espaldas y por mucho que les explicaba mi situación me ignoraban.

¿Cómo era su realidad como persona sorda en su país de origen?

Pienso que en mi país queda mucho camino por recorrer para conseguir igualdad e inclusión de las personas sordas en todos los ámbitos. Desde mi experiencia personal, pienso que lo necesario y urgente es un sistema de diagnóstico precoz, orientación y asesoramiento a personas con sordera y sus familias para poder ofrecer a la persona sorda la mejor calidad de vida posible. En mi caso, tuve que abandonar mis estudios en sexto de primaria porque encontraba muchas barreras, y sentía como si yo tuviera menos capacidad que mis compañeros, pero no entendía el motivo. A nivel familiar, pensaban que yo era una despistada y las ayudas que me ofrecían no eran las adecuadas para mi situación. Cuando tomé consciencia de mi discapacidad auditiva, tampoco encontré ningún recurso al que acudir.

¿Qué reflexión final le gustaría hacer?

Se debe trabajar más por la concienciación y orientación familiar, porque las familias no saben qué tipo de ayuda ofrecer a sus hijos para su buen desarrollo y tienden a sobreproteger, creando así una gran dependencia y falta de autonomía de las personas sordas. También creo que hay que trabajar la eliminación de prejuicios y estereotipos sobre la sordera, porque en varias etapas de mi vida he sentido vergüenza de decir que soy una persona sorda puesto que he notado que todavía se percibe como algo negativo.