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Día Mundial de la Salud Mental


Hoy, 10 de octubre se celebra el día Mundial de la Salud Mental. Este término, últimamente se ha hecho bastante famoso, pero, en realidad, siempre ha sido la gran olvidada en nuestro día a día. Nos esforzamos por comer bien, ir a nuestras revisiones médicas, tener buenas condiciones laborales, e incluso hacer algo de deporte, pero, muchas veces, nuestro bienestar emocional y psicológico se convierte en nuestra asignatura pendiente. 

Tal vez se deba a que aún existe mucho desconocimiento sobre el tema: se sigue relacionando terapia con locura, debilidad con hablar de emociones y pedir ayuda psicóloga genera cierta vergüenza.  

Por eso, un día como hoy, todavía es importante mantenerlo en el calendario; nos recuerda que nuestra forma de pensar, sentir, actuar y relacionarnos, va a influir en lo que somos y en cómo estamos. Nuestra salud mental nos facilita estrategias para manejar lo que nos pasa, nos hace apreciar lo que tenemos y nos ayuda a tomar decisiones adecuadas. 

¿Quién no querría encontrar tiempo para ello, o aprender a utilizarla si la entendiéramos así? 

 

Porque si algo nos han podido enseñar situaciones tan duras como la pandemia, o la erupción del volcán en la Palma, es que nuestras necesidades no sólo se centran en la parte física. Y que, si no cuidamos bien esta parte tan fundamental, ese deporte, comida sana y calidad en el trabajo que tanto nos preocupa, no consigue darnos felicidad, ni somos capaces de afrontar, en general, la vida.    

De esa misma manera, en procesos personales, como el de la pérdida auditiva, la salud mental gana aún más sentido. Entender que, a veces, la vida tiene obstáculos que no nos merecemos, encontrar herramientas para seguir adelante o generar recursos para asimilar nuestras nuevas circunstancias, es algo más llevadero si se busca ayuda profesional.  

Además, en Funcasor, a través del servicio de Psicología, y gracias a la financiación de la Consejería de Igualdad del Cabildo de Gran Canaria, a partir del pasado mes de agosto no sólo se lleva a cabo esta función de acompañamiento con personas que están (o han vivido) este proceso, sino que también se tratan desde talleres grupales, donde el sentimiento de “no soy la única persona que vive esta situación” ayuda mucho a aceptar lo que nos pasa.