El Síndrome de Down y La Lengua de Signos

El pasado 21 de marzo se celebró el “Día Mundial del Síndrome de Down”, una discapacidad intelectual causada por una alteración genética en el cromosoma 21, que conlleva a la existencia de más material genético de lo habitual. Este colectivo suele presentar, a su vez, dificultades a la hora de desarrollar otras habilidades como, por ejemplo, el habla o la audición.

En cuanto a los problemas de audición, la aparición de los mismos se debe a que la estructura anatómica del oído de las personas con Síndrome de Down presentan una serie de características que pueden predisponerlos al desarrollo de estos. Es por ello, que su calidad de vida se ve afectada por esta alteración, puesto que una pérdida auditiva, aún siendo leve, puede condicionar de manera negativa el desarrollo del lenguaje y, por consiguiente, la comunicación, el aprendizaje y la cognición. Por lo tanto, los niños y niñas que sufren una pérdida de audición, necesitarán otras alternativas para poder fomentar el desarrollo y adquirir las habilidades de comunicación como, por ejemplo, pistas visuales, como los gestos o las imágenes.

De esta forma, son muchas las personas con discapacidad que se apoyan en los Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAAC) como alternativa para el desarrollo de dicha habilidad, ya que estos permiten, mediante formas de expresión distintas al lenguaje hablado, aumentar y compensar las dificultades de comunicación y lenguaje.

Partiendo de ello, son muchas las familias que deciden apostar por la lengua de signos para que sus niños y niñas con Síndrome de Down tengan una lengua alternativa que les ayude a desarrollar la comunicación. Por tanto, resulta fundamental la intervención logopédica desde la etapa de preescolar, con el objetivo de abordar las dificultades del lenguaje y trabajar conjuntamente para conseguir el mejor desarrollo posible que mejore, a su vez, la calidad de vida.

Al enseñarles la lengua de signos, los niños y niñas con Síndrome de Down se animan y motivan para seguir comunicándose, ya que al tratarse de una lengua visual se convierte en un juego y una manera divertida de poder hacerlo. Asimismo, la lengua de signos favorece la reducción del nivel de frustración, debido a que la comunicación es mucho más rica y los niños y niñas pueden expresar sus necesidades, ampliar sus posibilidades de interacción y sus emociones pudiendo, así, afianzar sus vínculos con las personas de su alrededor, lo que les aporta más seguridad y confianza en sí mismos.

Una vez más, podemos darnos cuenta que la lengua de signos siempre suma, ya que se trata de una lengua con una gran riqueza que tiene como objetivo principal favorecer y desarrollar las habilidades de comunicación en cualquier colectivo que lo necesite, porque la lengua de signos no entiende de barreras, sino de inclusión.