Emociones y conducta: el camino hacia la inteligencia emocional

En el Centro Residencial trabajamos con las personas usuarias competencias tan importantes como las habilidades sociales y la inteligencia emocional. Por nuestra experiencia, consideramos importante conocer y comprender nuestras emociones porque estas nos permiten encontrar respuestas constructivas a los problemas o dificultades y, a su vez, resultan determinantes sobre nuestras conductas.

Las emociones tienen un papel esencial sobre nuestra conducta y son inherentes al ser humano ya que cumplen una función vital para la adaptación, la supervivencia y las relaciones sociales. En psicología, se define la conducta como “el conjunto de respuestas, bien por presencia o por ausencia, que mostramos a nuestro entorno o mundo de estímulos. Esa conducta puede ser consciente o inconsciente, voluntaria o involuntaria, según las circunstancias que la rodeen.” (José Bleger, 1977).

Las emociones surgen como respuesta a un acontecimiento o estímulo producido por una persona, objeto, lugar, suceso o recuerdo y tendrán una gran influencia sobre nuestras conductas. Comprendiendo el funcionamiento de las emociones podremos orientar el comportamiento y responder de manera adecuada a nuestros propios estados anímicos y a los de las demás personas. Es en este momento en que activamos nuestra INTELIGENCIA EMOCIONAL.

Cuando una emoción es muy intensa, lo que sucede es que nuestro pensamiento se altera y ponemos toda la atención en la emoción, dejando al margen la realidad. Esto provoca ciertas manifestaciones en nuestra conducta. Determinadas emociones muy intensas, como la ira, generan conductas negativas que pueden empañar la realidad.  Por este motivo, resulta necesario aprender a manejar adecuadamente nuestras emociones y controlar las manifestaciones que tendrán en nuestra conducta.

Es posible y primordial ejercer cierto control sobre las emociones. Que no sean las emociones las que controlan y dominan nuestro comportamiento, sino que, tras reconocer nuestro estado anímico, podamos expresar cómo nos sentimos de forma constructiva y adecuada a través de nuestra conducta.

En el Centro Residencial queremos que las personas usuarias desarrollen y refuercen su inteligencia emocional. Para conseguirlo, trabajamos diferentes habilidades y competencias:

  • Conciencia de las propias emociones. Identificando y definiendo qué desencadena sus estados de ánimo para ser capaces de asumir el control.
  • Manejo de las emociones. Desarrollando la capacidad de controlar los impulsos y adecuarlos a sus objetivos, determinando cuánto tiempo van a durar sus emociones, haciendo un ejercicio de reflexión y realizándose preguntas a sí mismas como ¿cuánto tiempo voy a estar enfadada?, ¿me aleja esto de la meta que quiero lograr?
  • Capacidad de automotivación. Las emociones nos ponen en movimiento, por eso es importante desarrollar la capacidad de entusiasmarse por lo que vamos a hacer para poder hacerlo con el mejor rendimiento y actitud, garantizando que realicen un aprendizaje hayan o no conseguido el objetivo propuesto.
  • Empatía. La capacidad de ponernos en el lugar de la otra persona, conocer sus sentimientos y responder de forma asertiva.

El equipo profesional utiliza la técnica del refuerzo para modificar las conductas de las personas usuarias, reforzando y motivando aquellas que queremos mantener o desarrollar, e intentando eliminar aquellas conductas indeseadas.

Este trabajo sobre la conducta y las emociones de las personas usuarias es necesario para que interactúen y se relacionen con las demás personas de forma efectiva y mutuamente satisfactoria. Una adecuada práctica de estas habilidades es beneficiosa para aprender a expresarse y comprender a las demás personas, tener en cuenta las necesidades e intereses de todas ellas e intentar encontrar la mejor solución ante un problema. Todos estos aspectos son imprescindibles para vivir en sociedad, así como para favorecer un ambiente seguro y positivo dentro del recurso residencial.

 

 

Esta información ha sido adaptada para personas con sordera gracias al proyecto “Actuaciones frente al Covid-19”, financiado por la Consejería de Derechos Sociales, Igualdad, Diversidad y Juventud del Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Dependencia y Discapacidad.