Nos levantamos una mañana, desayunamos apurados, tenemos cita médica y llegamos tarde. Nos han citado para un especialista, pero no sabemos exactamente donde se encuentra en el hospital. Salimos de nuestra casa. Llegamos al hospital y debemos buscar a dónde ir, nos dirigimos a información, pero casualmente en ese momento no está la persona que atiende. Miramos alrededor buscando la manera de guiarnos y seguimos los escasos carteles sintiéndonos inseguros y deseando encontrarnos a alguna persona que nos pueda indicar si vamos en la dirección correcta.

Este es un ejemplo de muchos que vivimos cada día y está estrechamente relacionado con la accesibilidad. Cuando hablamos de accesibilidad seguramente lo primero que nos venga a la cabeza sea la supresión de las barreras arquitectónicas, pero realmente, podemos referirnos a la barrera física que hace referencia a la facilidad para desplazarse por un sitio, por ejemplo, las rampas o los baños adaptados para personas con movilidad reducida; a la sensorial, por ejemplo, el uso del Braille o el pavimento podotáctitl o a la cognitiva que implica la comprensión del entorno y el significado de los objetos.

En la actualidad encontramos, a pequeña escala, algunos ejemplos de estas como en el municipio de Tegueste donde los locales comerciales tienen en la fachada pictogramas que los identifican; en las paradas del tranvía, los paneles que identifican las paradas o el tiempo que tardará en llegar, o los semáforos que emiten un sonido para avisar a las personas de que pueden cruzar.

ACCESIBILIDAD UNIVERSAL

Sin embargo, en la actualidad toma importancia el concepto de accesibilidad universal que hace referencia al uso que hacen las personas de forma eficaz e intuitiva del espacio, de las herramientas y de los servicios. En definitiva, la suma de los tres tipos de accesibilidad anteriormente comentadas.

Si bien es cierto que se asocia a personas con diversidad funcional, esta contempla a todas las personas y se fundamenta en los derechos básicos de las personas a poder participar en igualdad de condiciones y oportunidades en la sociedad.

Por tanto, cuando hablamos de accesibilidad universal nos referimos a un sistema de orientación dotando a los espacios con sistemas de señalización claros, por ejemplo, en un hospital, marcas en el suelo de diferentes colores que lleven a las diferentes especialidades, o la adaptación de las señalizaciones incluyendo pictogramas, o a la lectura fácil para folletos y documentos.

Ahora bien, observemos nuestro entorno: bancos, farmacias, entidades públicas, diferentes medios de transporte, centros comerciales… ¿Cumplen esta accesibilidad? Seguramente la mayoría de nosotros ha respondido con un no rotundo, y aunque actualmente hay iniciativas prometedoras, son escasas. A lo largo del tiempo, se ha diseñado en función de la estética y no por funcionalidad. Cuando se empezó a hablar y abogar por la accesibilidad se le añadieron rampas a los edificios y elementos que permitieran esta pero no se diseñaba con esos elementos ya desde el principio. Por tanto, se hace necesario que los diferentes sectores evalúen esta necesidad y empiecen a tomar medidas para permitir la inclusión de todas las personas que participan de la sociedad.