Lenguaje y educación van de la mano

Porque la base de la educación es una buena comunicación, aquí tienes algunas pautas que quizá te puedan ayudar a la hora de dirigirte a tus hijos e hijas. El lenguaje regula nuestro pensamiento y también nuestro comportamiento, es importante trabajar la parte formal del lenguaje, pero más importante aún la parte relacional y social. Aquí tienes diez consejos que te podrán ayudar en el día a día:

Paciencia

Ante todo paciencia, ya lo dice la frase popular “la paciencia es la madre de todas las ciencias”. Una buena educación requiere de grandes dosis de paciencia, nuestros hijos e hijas necesitan de nuestra presencia y compañía, somos sus referentes, modelos y guías, si queremos educarlos bien entonces lo conveniente sería pasar mucho tiempo con ellos y ellas, hablándoles, preguntándoles, enseñándoles y mostrándoles que es valiosa su existencia.

Mejor sugerir que imponer

Siempre que queramos incluir un cambio en el comportamiento de nuestros hijos e hijas, la mejor forma de hacerlo es sugerírselo y no imponérselo, porque de la primera forma el niño o niña lo hará por voluntad propia y de la segunda forma lo hará a la fuerza, y por lo tanto el cambio no será duradero ni se convertirá en un aprendizaje futuro.

Hablar en clave de juego

Niños y niñas adoran el juego, se pasan toda su infancia jugando, pues es su forma de conocer y experimentar el mundo que les rodea. Siempre que nos sea posible, les haremos peticiones como si fuera un juego.

Refuerzo Positivo

Utilizar frases como “lo estás haciendo muy bien”, “realmente te has esforzado”, “sigue así y lo conseguirás” y animarles siempre a seguir haciéndolo bien y a encontrar soluciones a los problemas que se le presenten.

Escucha activa

Es muy importante escucharles, buscar un tiempo de calidad y un sitio tranquilo, hacerles preguntas sobre qué piensan y que sienten, y escucharles desde el corazón. Con amor y aceptación podrán desarrollar un pensamiento y comportamiento más saludable, estable y funcional.

Normas

Necesitan normas claras y concisas, cuanto más claras sean, más tranquilidad les aportarán, ya que no tienen que estar adivinando qué se espera de ellos o cómo deben actuar. Si es posible escríbelas en una cartulina o a través de un dibujo, si es necesario, para que puedan tenerlas presentes muy a menudo. Evita las explicaciones largas. Cuanto más concreta y concisa sea la norma más efecto tendrá, ya que su cerebro está madurando y no son capaces aún de asimilar explicaciones demasiado largas. Esto se irá regulando con la edad.

Firmeza

Al dar premisas, la voz debe ser firme, aunque no dura ni dubitativa. Las mismas normas que has puesto a tus hijos e hijas, las tendrás que cumplir tú. Mantenernos firmes en las decisiones que tomemos con respecto a la relación con nuestros hijos e hijas es de vital importancia, ya que de esta forma interiorizarán las normas y se convertirán en algo natural. De lo contrario, si estamos continuamente cediendo, en un confuso “ahora sí, ahora no”, es casi seguro que recurran a estas debilidades para conseguir lo que quieren y no cumplir las normas.

Mejores consecuencias que castigos

Si no ha cumplido alguna norma que le hemos puesto, es mucho más efectivo explicarles las consecuencias para que así asuma la responsabilidad sobre su acto que un castigo, ya que emocionalmente crea más impacto negativo y menos aprendizaje. Las consecuencias inmediatas son más efectivas que las postergadas en el futuro.

Mantener siempre la calma

Si queremos que nuestros hijos e hijas, dentro de la vitalidad que les caracteriza, estén calmados, nosotros tendremos que ser ese mismo ejemplo de calma, corregir siempre desde el amor y la paciencia, entender que no hacen las cosas con mala intención, sino que aún están aprendiendo. En el caso de que perdamos los nervios y actuemos reprendiéndoles, tendremos paciencia también y una vez se nos pase, inmediatamente después, nos disculpamos por nuestro comportamiento.

Acompañarlos en sus emociones

Significa que si se enfadan y lloran porque no pueden hacer lo que quieren, no cederemos a dejar que lo hagan, pero sí estaremos con ellos calmándolos pacientes para que se les pase la emoción, ya sea rabia, tristeza, enfado etc. Recuerda que somos su ejemplo y modelo.

Evitaremos los castigos, las reprimendas, alzarles la voz, dejar que lloren desconsoladamente, llamarles la atención en público, hablar de ellos o ellas con otra persona en su presencia sin incluirlos en la conversación, etc.

Si aplicamos estas pautas con paciencia de forma continuada y perseverante veremos que, poco a poco, los cambios que deseamos ver en nuestros hijos e hijas se convierten en realidad.