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¿Recuerdas agosto?

Agosto, mes que (desde siempre) se había relacionado con vacaciones: menores jugando en la playa, desconexión familiar, viajes con amistades o pareja, disfrute y hasta alguna que otra fiesta. ¿recuerdas esos veranos? 

Pese a todo, hace un año todo cambiaba y ese agosto hacía aparición de un modo completamente diferente: Tras la pandemia, el verano llegaba sin esperarlo, como de imprevisto, con toques de queda, “nueva normalidad” a la que nadie llegaba a acostumbrarse y olor a mascarillas, … 

No fue fácil, pero sacamos ganas, fuerza… y fuimos capaces de hacernos a la idea, adaptarnos a las nuevas condiciones y seguir con nuestras vidas. 

Hoy, agosto de un año después, llega de nuevo la reflexión de si esas vidas realmente siguen siendo las mismas.  Físicamente, nuestro alrededor tal vez parezca intacto, pero si miramos un poquito más de cerca, con las nuevas tecnologías apoderándose de todo, el teletrabajo instalándose hasta altas horas en nuestras vidas, la sensación de que “ahora descanso, primero debería acabar esto, aunque esté en mis días libres…”. Parece que la playa y las vacaciones se han transformado en otra cosa. 

Y, con respecto a esto, seguramente aún suena en nuestras cabezas la noticia, no hace ni un mes, de la medallista olímpica Simone Biles dándonos una dosis de realidad con su abandono por salud mental. Qué difícil poner por delante la valiente decisión de parar cuando lo necesitas, para lidiar con la ansiedad y el mal síntoma de dejar de disfrutar con lo que haces… 

En nuestras mentes, agosto se opone del mismo modo, se retuerce buscando su espacio. Quejándose de verse alejado de aquel momento en el que era sinónimo de calma, desconexión y esa paz mental que se nos olvida que es tan necesaria como la salud física.

Agosto, sin duda, llega esta vez reivindicando que es imprescindible dar tiempo de calidad a nuestra mente para poder seguir funcionando de manera adecuada. Se preocupa porque haya que recordar algo tan evidente. 

Ya vivir un confinamiento nos mostraba las consecuencias de no poder desconectar: ese pensamiento en bucle, esa forma de ser transformada en persona irritable, la dificultad de respirar sin aire libre y los altibajos emocionales al no tener un momento de calma que ofrecer a nuestras cabezas. 

Con todo ello, desde el servicio de Psicología de Funcasor, nos unimos a esta lucha invisible del verano y queremos recordar ese agosto de toda la vida, invitándote a seguir ese consejo que nos traía años atrás: De vez en cuando, olvida lo que hay que hacer y disfruta de lo que puedes ser.  

Aprovecha el paseo un ratito más, disfruta la playa sin móvil, de tus vacaciones sin teletrabajo y tómate el descanso como la única manera de oxigenarte mentalmente.

¿Seremos capaces?