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Ser intérprete de lengua de signos en la actualidad


En una época marcada por la pandemia, las mascarillas, el gel hidroalcohólico y la distancia de seguridad, las personas que formamos parte de la comunidad sorda tenemos mucho que decir. Cada vez es más común escuchar el discurso de las personas con sordera pidiendo formar parte activa en la sociedad. Solicitan el acceso a la información pública de manera igualitaria.

Son muchas las personas que se preocupan por el uso de una mascarilla transparente segura y homologada; por la pérdida de información a través de las noticias que no incluyen la interpretación en lengua de signos; por ruedas de prensa inaccesibles… Nosotras, las intérpretes de lengua de signos, también nos preocupamos por esta situación. Nos gustaría enfocar esta problemática desde el punto de vista del colectivo de intérpretes, quienes a diario luchamos contra esta pandemia de desinformación y aislamiento.

La mascarilla se ha convertido en un accesorio obligatorio en nuestro día a día. Para la mayoría es simplemente “una molestia”, para nosotras, en cambio, se convierte en una barrera social. Es terrible que alguien no pueda saber lo que le están comunicando en la sede de un organismo público, en un centro educativo, en su puesto de trabajo, en un comercio o en cualquier momento de su vida cotidiana.

Pongámonos en situación: todos los signos tienen una localización, configuración, movimiento, orientación de las manos y componentes no manuales concretos. Si varía alguno de estos parámetros, varía el significado del signo. Con esta premisa, es indiscutible que el uso de la mascarilla limita el uso de la lengua de signos. Además, es fundamental recordar la heterogeneidad existente entre la población con sordera. Existe una gran cantidad de personas no usuarias de la lengua de signos, que necesitan el apoyo de la lectura labial para poder comunicarse.

Las intérpretes de lengua de signos entendemos que en una rueda de prensa o en determinados actos institucionales, para que la información llegue de manera adecuada a toda la población, debemos realizar este servicio sin hacer uso de la mascarilla -respetando la distancia y todas las medidas necesarias para garantizar nuestra seguridad y la de todas las personas de la sala-. Sin embargo, cuando acudimos a centros médicos, comisarías de policía, centros educativos, bibliotecas municipales, etc. no podemos poner en riesgo nuestra salud ni la del resto de personas. Por ello, la comunicación no es efectiva y el esfuerzo que debemos hacer, tanto nosotras como las personas usuarias, es el doble del que habitualmente haríamos.

Para poder desempeñar nuestro trabajo de manera efectiva, favoreciendo una comunicación lo más completa posible, es necesaria la homologación de mascarillas transparentes, seguras y adecuadas. Es frustrante ver cómo nuestro trabajo se ve mermado por un componente externo, que nos impide no solo expresarnos, sino comprender el mensaje de la persona usuaria. Con las mascarillas que están actualmente homologadas nos sentimos aisladas, sentimos que no se valora nuestro trabajo ni nuestra seguridad, sentimos una total desprotección para la comunidad sorda por parte de las instituciones.

La OMS estima que 360 millones de personas en todo el mundo, se ven afectadas por hipoacusia o discapacidad auditiva. Por otro lado, el Comité de Emergencia sobre la COVID-19 señaló, el pasado 29 de octubre, que los casos notificados a nivel mundial habían alcanzado los 44 millones. Con estos datos, creemos que es indiscutible la necesidad de igualar las condiciones de seguridad y acceso a la información para todas las personas.

 

Esta información ha sido adaptada para personas con sordera gracias al proyecto “Servicio de Gestión y Refuerzo ante COVID-19” financiado por el Instituto Insular de Atención Social y Sociosanitaria –IASS-.