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Yo también puedo ser una persona voluntaria


Hace ya unos años, recuerdo a mi mujer, haciendo unas llamadas donde le oí decir que buscaba a personas voluntarias que apoyaran a la asociación donde ella trabaja. Buscaba personas que realizaran tareas de asistencia, apoyo, actividades de ocio, lúdico-deportivas o simplemente de acompañamiento a personas con discapacidad. No tuvo mucho éxito en encontrarlas. 

Unos días más tarde me preguntó directamente si conocía a personas que quisieran hacer voluntariado con las personas con las que ella trabaja. En ese momento, no le propuse a ninguna persona, pues no conocía a nadie que quisiera hacer voluntariado. 

Unas semanas después, recibí en mi casa a un buen amigo mío, una persona con discapacidad auditiva e intelectual. Ese día salimos a dar un paseo junto con mi padre, que es una persona mayor con sordera. Mientras paseábamos, vi como mi amigo se mostraba muy atento con mi padre. Le indicaba cuando había algún escalón, le tomaba de la mano, hablaban y se mostraba muy cariñoso y lo más importante, le hacía reír muchísimo.  

Observando todos estos detalles, me vino a la memoria, mi mujer buscando a personas voluntarias para realizar apoyos puntales en la asociación donde trabaja. 

Una noche, mientras hablábamos, salió el tema de su búsqueda de personas voluntarias. Recordé, en ese momento, a mi amigo haciendo apoyos a mi padre y le propuse que entrevistara a mi amigo para ver si le parecía un buen candidato para hacer voluntariado. 

Ella, dudó, me planteó que si una persona con discapacidad con las características de mi amigo podría hacer voluntariado. Le conté que lo había observado y que me parecía que reunía las cualidades necesarias para ejercer esa función. Ella me respondió que lo iba a pensar. 

Llegó el verano y con él un evento famoso en su asociación, un mercadillo solidario. Para ese evento se necesitaban muchas personas voluntarias y mi mujer me llamó y me preguntó si podía localizar a mi amigo y proponerle voluntariado en el mercadillo solidario. Así hice, contacté con él, le pregunté si quería hacer voluntariado y el accedió. 

Mi amigo, asistió a la primera reunión de voluntarios donde se repartían las funciones de cada persona voluntaria. Participó activamente en la reunión, propuso ideas y se relacionó con otras personas voluntarias sin ningún tipo de problema. A mi amigo le tocó una función de apoyo en la cocina que desarrolló perfectamente el día del mercadillo.

Después de este evento, mi mujer tuvo claro que las personas con discapacidad pueden desarrollar funciones de voluntariado apoyando a otras personas con discapacidad. 

Mi amigo, hoy en día, sigue participando en las actividades de la asociación, realizando funciones de voluntario, se siente muy feliz de ser útil para la comunidad y poder aportar su granito de arena para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad. 

En este día Internacional del Voluntariado, quiero felicitar a mi amigo por ser una persona voluntaria, a las personas voluntarias y animar a dar una oportunidad a las personas con discapacidad para que puedan realizar voluntariado, porque nadie como ellas saben lo que significa tener discapacidad.  

Mi amigo me suele decir: “Yo también puedo ser voluntario” Y por supuesto, que puede serlo. 

¡Feliz Día Internacional de las Personas Voluntarias!