Día Internacional de la Sordoceguera

Cada 27 de junio conmemoramos el Día Internacional de las Personas con Sordoceguera, una fecha clave para visibilizar una realidad que sigue siendo poco conocida por gran parte de la sociedad.

Cada 27 de junio conmemoramos el Día Internacional de las Personas con Sordoceguera, una fecha clave para visibilizar una realidad que sigue siendo poco conocida por gran parte de la sociedad.

Es importante entender que la sordoceguera no es simplemente la suma de una discapacidad visual y auditiva, sino una discapacidad única y específica. La ausencia simultánea de ambos sentidos implica necesidades propias en la comunicación, la orientación, la movilidad y el acceso a la información, que requieren apoyos especializados y personalizados.

Comunicación mediante alfabeto dactilológico en palma

Cuando los dos principales canales de conexión con el entorno se ven afectados, el tacto se convierte en la vía fundamental para percibir el mundo. Este hecho no solo transforma la manera de relacionarse con el entorno, sino que sitúa la accesibilidad y la adaptación como una cuestión de derechos fundamentales.

Desde Funcasor, y especialmente a través del trabajo diario en nuestro Centro Ocupacional, abordamos esta realidad desde una mirada integral. Entendemos la autonomía como un proceso que comienza facilitando herramientas que permitan comprender el entorno, por lo que desarrollamos materiales adaptados y experiencias sensoriales diseñadas por nuestro equipo para potenciar las capacidades individuales.

En este proceso, es esencial el papel de las profesionales: cuidadoras, educadoras y mediadoras comunicativas, quienes acompañan a las personas usuarias en el aprendizaje y uso de tecnologías que marcan una diferencia real en su vida cotidiana.

Entre estas herramientas destacan recursos como la línea braille, que permite leer, escribir y acceder a la información digital de forma autónoma, o la máquina Perkins, clave para la escritura en braille. El dominio de estos sistemas no solo facilita la realización de actividades dentro del centro, sino que fortalece la confianza personal y la capacidad de interactuar con el entorno de forma significativa.

Además, la comunicación va mucho más allá de la tecnología: incluye sistemas como el alfabeto dactilológico en palma, la lengua de signos apoyada o a corta distancia o el uso de objetos de referencia, recordándonos que existen múltiples formas de comunicarnos, de estar y de entender en el mundo.

Gracias a este aprendizaje continuo, la inclusión se convierte en una experiencia real, eliminando barreras físicas y comunicativas y favoreciendo la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos de la vida.

En este día de sensibilización, reafirmamos nuestro compromiso con la innovación, el apoyo individualizado y la construcción de entornos accesibles. Porque la inclusión no es solo una meta, sino un camino que requiere empatía, conocimiento y adaptación constante.

La sordoceguera plantea un gran reto comunicativo, pero también nos invita, como sociedad, a replantearnos cómo nos relacionamos. Con los apoyos adecuados y una comunidad comprometida, es posible construir un mundo en el que todas las personas puedan participar, decidir y desarrollar su proyecto de vida con autonomía y dignidad.

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