Autoconocimiento, la llave para nuestro futuro

Cuando tomamos conciencia de cómo ha sido nuestro entorno desde el nacimiento y de cómo este nos afecta de manera positiva y/o negativa en la construcción de nuestra personalidad y autoconcepto, podemos darnos cuenta de que nuestra identidad está formada por un amplio abanico de múltiples identidades, forjadas en diferentes contextos temporales.

También reflexionamos sobre cómo fuimos percibidas en cada uno de ellos: cómo se valoraban o menospreciaban nuestras acciones, las expectativas que nuestro entorno depositaba en nosotras, y los proyectos de vida que nos tenían preparados. Desde el Centro Ocupacional Funcasor Helen Keller, ponemos en valor a las personas, sus deseos y proyectos propios, orientándolas y acompañándolas para que puedan tomar decisiones desde el mejor lugar posible. 

¿Quién eres tú, y qué es lo que realmente deseas? Resulta muy interesante indagar en cuestiones personales como si en el pasado recibimos o no el amor y cariño necesarios, si nuestras necesidades básicas fueron satisfechas o si crecimos con carencias. Cuando en actividades grupales o individuales se abordan estos temas, compartiendo experiencias y sentimientos, emergen emociones que nos permiten reflexionar sobre la suerte que tuvimos al recibir apoyo y comprensión, o, por el contrario, cómo la falta de estos elementos afecta a nuestro presente. Esto puede llevarnos a percibirnos como no merecedoras de recibir y dar amor. Esta visión de un autoconcepto negativo podría influir en nuestras relaciones afectivas, haciendo que evitemos establecer vínculos duraderos o mostremos temor y reticencia a comprometernos con personas y/o proyectos. En este análisis, salen a la luz los tipos de apego, que influyen en nuestra autoestima y cómo nos valoramos a nosotras mismas. Tomar conciencia de todo esto nos abre los ojos a nuevas posibilidades de cambio, ya que comprendemos que ese cambio es necesario. 

Otro aspecto que nos influye es la llamada Herida Primaria, que nos ayuda a descubrir el filtro desde el cual miramos el mundo. El abandono, la injusticia, el rechazo, la traición y la humillación son algunas de las heridas que, en la infancia, pudieron cambiar nuestra percepción del entorno, de nosotras mismas y de quienes nos rodeaban. Ya sea por eventos repetitivos o por un hecho aislado e impactante, estas heridas nos llevaron a desarrollar creencias que arrastramos hasta la adultez. En su momento, estas estrategias fueron necesarias para asegurar nuestra pertenencia al grupo familiar o social. Sin embargo, muchas de ellas han quedado obsoletas.Debemos tomar conciencia de ello y buscar alternativas que se ajusten mejor a nuestro entorno actual y a nuestras necesidades presentes. 

Para ello, es necesario reflexionar sobre cómo deseamos construir nuestras relaciones, qué tipo de vínculos queremos establecer y poner el foco en lo que realmente importa. 

En definitiva, desde el Centro Ocupacional Funcasor Helen Keller trabajamos con las personas usuarias para ayudarlas a entender sus vivencias y procesos, fomentar la paciencia consigo mismas y promover el autorreconocimiento. Las acompañamos en el conocimiento y consecución de sus objetivos, centrándonos en retos personales adaptados a sus propios ritmos y a las capacidades que desean potenciar.