Centro Residencial «En compañía»

Un hogar con las puertas abiertas al mundo. Esta es la forma en la que nos lo imaginábamos y es así como nos gusta definir nuestro Centro Residencial «En Compañía». En octubre de 2018, Funcasor abrió las puertas de su nueva casa a siete personas y a diferentes profesionales preparadas para vivir esta gran aventura. El fin del centro es que las personas desarrollen sus capacidades personales, atendiendo a sus intereses, que mejoren su integración social y facilitar el camino hacia la autodeterminación personal. Somos un recurso residencial que, de forma organizada y profesional, ayudamos a mejorar la calidad de vida de las personas con sordera con un recurso creado en base a sus necesidades.  A lo largo y ancho de la geografía española nos encontramos con cientos de centros residenciales para personas dependientes o con discapacidad. Algunos de ellos, han adaptado sus centros para personas con algún tipo de discapacidad, cubriendo estos algunas de sus necesidades específicas de alguna u otra forma. De entre todos estos centros, una ínfima parte, ha adaptado sus instalaciones para personas con sordera. Funcasor no quería un centro residencial y después adaptarlo a algunas personas con sordera. Queríamos un centro por y para las personas para las que trabajamos día a día, las personas con sordera y sus familias. Y, de esta forma, creamos el Centro Residencial «En Compañía», aunando fuerzas entre el Instituto de Atención Social y Sociosanitaria –IASS- y el Excelentísimo Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo. La metodología empleada para el desarrollo y aprendizaje de los diferentes objetivos planteados es participativa, ya que, de esta forma, nos aseguramos que todas las personas forman parte activa de su propio proceso de aprendizaje y en la construcción del conocimiento.  El enfoque de la intervención que llevamos a cabo en el centro, sigue las líneas del modelo psicosocial, donde la propia persona usuaria, sus intereses y sus necesidades son el eje central de toda intervención. Para esto, se les empodera y anima a ser personas activas dentro de la misma, con el objetivo de que participen de forma eficaz en todas las decisiones y acciones de su proyecto de vida. Todas las personas comparten una discapacidad común e invisible: la sordera, pero como individuos independientes, sus necesidades también lo son. Un día nunca es igual al anterior, ni el de hoy al de mañana y eso es algo apasionante. Sumergirnos y compartir las preocupaciones, las alegrías, las penas y las emociones de cada una de las personas usuarias es un trabajo emocionante, a la par que agotador. 
Comunicándonos de manera efectiva, mejoramos en todos los aspectos de nuestra vida 
Otro aspecto fundamental en el trabajo dentro del Centro Residencial, es la comunicación. Como ya es sabido, de las 7 personas residentes, una de ellas es una persona con sordoceguera. Durante estos años, se ha trabajado para que la persona usuaria se sienta plenamente integrada con el resto de sus compañeros y compañeras, enseñando y formando al resto de personas usuarias en el uso de la lengua de signos apoyada, sistema de comunicación que utiliza la persona en cuestión. Además, en la vivienda, se han llevado a cabo tantas adaptaciones como han sido necesarias para facilitar su autonomía dentro de la misma. Un servicio veinticuatro horas al día, los trescientos sesenta y cinco días del año disponible para cubrir las necesidades de las personas para las que trabajamos, las personas con sordera y sus familias.  Este próximo año les seguiremos contando más acerca de nuestro centro y de cómo trabajamos, ¡Estén atentas!