En la era de la información y la comunicación, la capacidad de interactuar se considera un derecho fundamental para todas las personas. Sin embargo, para aquellas que enfrentan barreras lingüísticas o de comunicación, como las personas con sordera o con discapacidad auditiva, acceder a este derecho puede suponer un auténtico desafío. Es aquí donde la figura de la mediación comunicativa surge para intentar lograr que la inclusión social y la igualdad de oportunidades sean una realidad.
La persona profesional de la mediación comunicativa apoya a las personas con dificultades en la comunicación, lenguaje y habla en su vida diaria, en sus interacciones con el entorno, facilitando estrategias de comunicación, participación y comprensión.

Cabe destacar que la diferencia entre la figura de la mediación comunicativa en comparación con la interpretación de la lengua de signos reside, principalmente, en la cantidad de colectivos de personas y herramientas comunicativas con las que una persona mediadora puede trabajar. Además de esta, otra de las diferencias fundamentales es que, el requisito más básico para identificar si una persona es candidata a ser usuaria de la mediación, es que esta no disponga de un sistema de comunicación completo y eficaz. Por tanto, las posibilidades de beneficiarse de la mediación comunicativa llegan hasta personas con TEA, esclerosis múltiple, parálisis cerebral, etc., siendo recursos como los tableros de comunicación y otros sistemas alternativos y aumentativos de comunicación fundamentales en su trabajo, más allá de la propia lengua de signos que precisa la mediación para desempeñar su labor en la atención al colectivo de personas con sordera. Si desea conocer más sobre la interpretación de lengua de signos, en esta misma web encontrarás una noticia específica sobre su figura y funciones.
Uno de los contextos en los que mediar adquiere una relevancia particular es el educativo. En las aulas, la mediación comunicativa se trabaja directamente en estudiante s con problemas de comunicación, lenguaje y habla, asegurando que tengan acceso a la información y puedan participar activamente en el proceso de aprendizaje, ya sea adaptando las lecciones con los recursos comunicativos necesarios o facilitando la comunicación con el resto de personas alumnas, esta figura desempeña un papel fundamental en la construcción de entornos educativos inclusivos.

Pero la mediación comunicativa no se limita al ámbito educativo. Su alcance se extiende a una variedad de escenarios, desde entornos médicos hasta eventos culturales y sociales. En hospitales, la mediación asegura que las personas con dificultades de comunicación comprendan los procedimientos médicos y puedan expresar sus preocupaciones y síntomas de manera efectiva. En eventos públicos, como conferencias o conciertos, permite garantizar que quien asista puede acceder a la información y disfrutar plenamente de la experiencia.
Además, es crucial promover la sensibilización sobre las necesidades de las personas con sordera y el papel fundamental que desempeña la mediación comunicativa en su inclusión social. Esto incluye la formación de personas profesionales en mediación comunicativa, la promoción de la accesibilidad en todos los ámbitos y la eliminación de barreras lingüísticas y de comunicación.
En última instancia, la mediación comunicativa no trata solo de facilitar la comunicación, sino de empoderar a las personas con dificultades en la comunicación, el lenguaje o el habla y garantizar su plena participación en la sociedad. La medicación comunicativa es, en definitiva, un recordatorio de que la diversidad lingüística y la inclusión son pilares fundamentales de una sociedad justa y equitativa.
Esta información ha sido adaptada a Lengua de Signos Española, gracias al proyecto “Servicio de Intérpretes de Lengua de Signos Española – SILSE- Tenerife”, financiado por la Consejería de Derechos Sociales, Igualdad, Diversidad y Juventud, a través de la Dirección General de Dependencia y Discapacidad del Gobierno de Canarias.



