Los Derechos Humanos y las personas con sordera

Imagina vivir en un mundo donde la comunicación es un desafío constante. Donde el simple hecho de salir a la calle ya genera dificultades comunicativas, volviéndose aún más complicado afrontar cualquier situación social que se genere en grupo.

Las personas con sordera no sólo tienen que lidiar con la falta de audición, sino frecuentemente también con la incomprensión y el desconocimiento social, pues pocas veces se conocen las adaptaciones que necesita dicho colectivo a la hora de mantener una conversación: como la de mantener el contacto visual durante la interacción, el hecho de que (incluso con audífonos o implante) pueda no escuchar bien ciertos fonemas o sentir que se pierde en las conversaciones. Este hecho, agrava la falta de recursos adecuados para la accesibilidad e intensifica los sentimientos de aislamiento, ansiedad y depresión.Hoy, Día Mundial de los Derechos Humanos, es importante hacer una reflexión sobre si las necesidades de las personas con sordera también se están cubriendo.

La salud es un derecho básico y seguimos luchando para que sea una cuestión real en la sociedad, ya que actualmente las personas con sordera continúan sufriendo (muy a menudo) limitaciones que no son directas de su discapacidad, sino provocadas por la falta de accesibilidad en la sociedad. Esta situación de desigualdad no sólo se presenta en momentos de necesidad de una persona profesional, donde no se encuentran servicios realmente accesibles o con conocimientos sobre las particularidades de las personas con sordera. También desde los propios núcleos más cercanos de la persona (familia, amistades y comunidad) desconocen las medidas necesarias para que pueda sentir comprensión. Esta carencia de aspectos tan cruciales como poder participar en la vida cultural, desarrollarse personal o laboralmente y acceder tanto a profesionales de la salud en general, como de salud mental, perjudican gravemente su vida.En este sentido, Funcasor trabaja en todas las esferas vitales de la persona con sordera (desde la infancia hasta la vejez) para asegurar que en Canarias este colectivo pueda disfrutar plenamente de sus derechos. Este compromiso con la inclusión y la igualdad para quienes trabajamos en esta entidad es prioritario, pero supone un ejemplo de cómo se puede transformar la sociedad y contribuir en la mejora de su vida. Aun así, se necesita más apoyo social, político y personal con el fin de seguir cumpliendo esta meta y luchar por la calidad de vida de las personas con sordera y sus familias. Y qué mejor día que hoy, para reivindicar esa implicación tan necesaria a nivel comunitario.

Esta noticia se ha elaborado gracias al proyecto Apoyo psicológico en menores, adolescencia con sordera y sus familias II, financiado por el Gobierno de Canarias, con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.