Desde la etapa de la infancia, las personas con sordera pueden experimentar dificultades para expresar sus emociones, comprender las de los demás y establecer vínculos significativos si no existen las adaptaciones necesarias para una comunicación eficaz y un desarrollo del aprendizaje, pudiendo derivar en sentimientos de aislamiento, frustración y baja autoestima.
Durante la adolescencia, (una etapa crítica para la formación de nuestra identidad), estas barreras pueden intensificarse, pues no sólo se enfrentan a desafíos propios de su edad, sino que, en muchas ocasiones, lo hacen desde un sentimiento de soledad o desvinculación del entorno social, que las propias personas menores y adolescentes no saben lidiar, ni las familias saben cómo poder dar ese soporte emocional tan necesario en esos momentos.
La inclusión emocional se potencia desde la garantía del acceso de menores y adolescentes con sordera a servicios de psicología accesibles, con conocimientos sobre el proceso de la pérdida auditiva y sus repercusiones emocionales, así como proporcionando apoyo a las familias para fortalecer la salud emocional en edades tan tempranas.
En este sentido, es esencial fomentar entornos escolares inclusivos donde, desde la infancia y la adolescencia, exista una participación plena, no sólo en lo académico, sino también en la vida social en el aula y en el patio, con el fin de que puedan comunicarse, expresar lo que sienten y sentir empatía y comprensión. De lo contrario, la escuela se convierte en un espacio más de exclusión y un sentimiento añadido de soledad.
Cuidar la salud mental en estas etapas es una inversión de futuro, una garantía de promoción del bienestar emocional de la infancia y juventud con sordera, y este es un objetivo con el que Funcasor se ha comprometido desde 2017, incluido actualmente en el proyecto “Apoyo psicológico en menores, adolescencia con sordera y sus familias III”, financiado por el Gobierno de Canarias, con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 con la apuesta por una atención psicológica accesible, especializada y cercana, tanto para las personas menores y adolescentes con sordera, como para sus familias. 

