¿Ayudar o sobreproteger? Cómo favorecer la autonomía de las personas jóvenes con sordera

Las familias desempeñan un papel fundamental en el desarrollo y bienestar de las personas jóvenes con sordera. Desde las primeras etapas de la vida, acompañan multitud de decisiones relacionadas con la educación, la comunicación, la salud o las relaciones sociales. Sin embargo, a medida que llega la adolescencia y se aproxima la vida adulta, aparece un nuevo reto: ¿cómo seguir ofreciendo apoyo sin limitar el desarrollo de la autonomía? 

Proteger, anticiparse a las dificultades o intervenir ante determinadas barreras suele responder al deseo de facilitar el día a día. No obstante, cuando estas ayudas se mantienen en situaciones que la persona joven podría afrontar por sí misma, pueden reducir las oportunidades para aprender, tomar decisiones, equivocarse y desarrollar estrategias propias. 

Favorecer la autonomía no significa retirar los apoyos ni esperar que la persona joven tenga que desenvolverse siempre sola. Ser autónomo implica poder tomar decisiones sobre la propia vida y contar con los recursos y apoyos necesarios para llevarlas a cabo. Por ello, el objetivo no debería ser eliminar la ayuda, sino adaptarla progresivamente a las capacidades, necesidades y preferencias de cada persona. 

En la vida cotidiana existen numerosas oportunidades para fomentar este proceso. Realizar una gestión, solicitar información, acudir a una cita, organizar los estudios, desplazarse de manera independiente o comunicar las propias necesidades son experiencias que permiten adquirir competencias para la vida adulta. En lugar de resolver automáticamente estas situaciones, las familias pueden acompañar, ofrecer información y facilitar herramientas para que sea la propia persona joven quien asuma cada vez un papel más activo. 

En el caso de las personas jóvenes con sordera, además, es importante diferenciar entre una dificultad relacionada con el desarrollo de la autonomía y una barrera de accesibilidad. Necesitar determinadas adaptaciones, apoyos o condiciones que garanticen el acceso a la información y a la comunicación no supone una falta de independencia. La autonomía también consiste en conocer las propias necesidades, saber expresarlas y poder solicitar los recursos necesarios para participar en igualdad de condiciones. 

Este proceso requiere tiempo y no es igual para todas las personas. Dar espacio para decidir, permitir que se asuman responsabilidades progresivamente, escuchar las preferencias de la persona joven y aceptar el error como parte del aprendizaje son algunas de las claves para avanzar hacia una vida adulta con mayor capacidad de elección. 

Desde Funcasor se promueve un acompañamiento centrado en las personas con sordera y sus familias, favoreciendo el acceso a la información, la participación y el desarrollo de herramientas que contribuyan a afrontar las diferentes etapas vitales. 

Porque acompañar hacia la vida adulta no consiste en dejar de ayudar, sino en aprender a ayudar de otra manera: ofreciendo los apoyos necesarios para que cada persona pueda construir y dirigir su propio camino.

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